(El tiempo no me permite del todo, ni como quisiera, fluir entre mis espacios y vosotros, que sois prácticamente el timón de este barco con el que navegar y deleitarse. Estoy aún inmersa en una serie de proyectos y situaciones en este otro lado de la pantalla, pero no quería dejar de pasar a saludaros y agradeceros, de todo corazón, vuestros comentarios y vuestras muestras de cariño. Deciros, pues, que espero y deseo que, en breve, pueda enredarme de nuevo con este nuestro tiempo y nuestras letras, en ese fluctuar que descorcha y celebra las horas que juegan con mis (nuestros) latidos. Voy allanando caminos, y… nos vemos pronto. GRACIAS por estar… Abrazos y cariños ♥) ©Ginebra Blonde

miércoles, 24 de marzo de 2021

Psicosis

 

(Recupero este relato que escribí hace dos años, justamente para una convocatoria juevera, y que viene a colación del tema de esta semana).


   Solía pegar la oreja en aquella puerta cada vez que bajaba a comprar el pan. Y no porque fuera una fan incondicional de Hitchcock, e imaginara escenas de crímenes en el corredor de aquella finca, sino porque, a pesar de sus ya desgastados huesos, le encantaba bajar a pie por si pillaba al vuelo cualquier cotilleo que la mantuviese entretenida el resto del día; pero, sobre todo, la seis… Lo que se guisaba tras esa puerta, era un misterio que la tenía preocupada y cavilosa rozando la obsesión.
   Vivía un hombre solo, de unos cincuenta años. Nunca se había visto entrar o salir a nadie más de su casa, sin embargo, ella estaba convencida de que, a menudo, había alguien con él (cosa de lo más normal del mundo).
  En aquella ocasión no pudo más que mantener la respiración y echarse las manos a la boca, para contener un grito de pavor. Esta vez parecía  grave; tanto, como esas películas que veía con su esposo mientras se inflaban a palomitas; o incluso, tan macabro, como los muchos sucesos que escuchaban en las noticias mientras comían.
   Estaba segura; su rostro le ardía… Y no por los cuarenta y siete grados de un verano casi apocalíptico, sino por lo que acababa de escuchar tras esa puerta.
   Se olvidó del pan y del reuma, y volvió a subir las escaleras de dos en dos o de cuatro en cuatro, porque sin apenas aliento, estaba frente a su esposo contándole lo que acaba de escuchar.
   —Vicente, se la ha cargado, ¡se la ha cargado!
   —¿Qué estás diciendo, mujer?
   —El de la seis… Te lo dije, ¡te lo dije! Sabía que no era trigo limpio. ¡Hay que llamar a la policía!
   —Cálmate, por Dios; cuéntame… ¿Qué has escuchado?
   —Le decía a esa pobre chica: “No te me escapas… no te me escapas… De aquí no sales viva; ya me he cargado a unas cuántas antes que a ti, y tú no vas a ser menos, maldita…”
   
   La vecindad observaba intrigada, con los respectivos cuchicheos, el coche policial que aparcaba en el portal.
    Mientras tanto, el vecino de la puerta seis seguía matando moscas:
    —¡Putas moscas!
 
©Ginebra Blonde
(27/03/2019)

(Chisme- Convocatoria juevera para el 25 de marzo,
propuesta por “San”)



miércoles, 17 de marzo de 2021

La Casa De Enfrente


    Era una casa muy peculiar… No es que me pasase todo el día observando esa fachada, algo deteriorada y lóbrega, tras mi ventana, pero sí es cierto que me sabía, prácticamente al dedillo, lo que en cada uno de sus cuatro pisos se cocía; de algo tenían que servir esos prismáticos de lujo que me regaló mi esposo cuando planeábamos el viaje al Tíbet, y antes de que me alcanzara esta rara enfermedad de los huesos que hizo que nos olvidásemos, de momento, de dicha excursión.
    No discutiré que todos y cada uno tenemos nuestras costumbres y rarezas, pero hay algunas, que se las deberían hacer ver.
    En el cuarto piso, por ejemplo, había un gato negro que fumaba en pipa. Se sentaba frente a su amo, mientras este se pasaba horas y horas construyendo maquetas de antiguos castillos como si en ellos albergara grandes secretos… El gato solo fumaba y observaba…
    En el tercero, la cosa era un tanto más… preocupante. Ver a un mono pelando y cortando verdura sobre una tabla de madera y con un gran cuchillo carnicero, no era poca cosa, pero bueno, es que esa finca no era ni medio normal.
    En el segundo piso, se podía percibir una especial desazón. Jamás los vi separados: hombre y cuervo se movían de un lado para otro de la casa sin parar de balbucear ambos. Lo que se decían, naturalmente, no podía escucharlo, pero no parecían tener una grata conversación.
   Y bueno… Ya en el primer piso, y al ver aquel suelo de madera que recubría toda la casa, la imaginación se me disparó.
    
    La cosa es que, un día, y mientras observaba aquella casa con mis maravillosos prismáticos, llamaron a la puerta. Mi marido no estaba. En realidad, ya no lo iba a estar nunca. Después de anular nuestro viaje, por esta maldita enfermedad que me alcanzó hasta el cerebro, planee metódicamente su muerte porque el muy cabrito osó  dejarme por una jovencita sana y atlética.
    Ese suelo era ideal para esconder mi crimen. ¿Quién iba a sospechar de aquel estrambótico lugar?
    Así que me ocupé primero del residente, dejando hueco bajo esos listones para mi querido esposo que no tardaría en hacerle compañía.    
   Hasta ahí todo iba bien… Pero llegó ese día en el que algo o alguien aporreó mi puerta:
    El cuervo, ese maldito y hablador bicho lleno de plumas, estaba ante mí como el corazón delator, mirándome fijamente, mientras el gato negro, altivo y temeroso, se paseaba por detrás caminando sobre sus dos patas traseras como si fuese el mismísimo autor de los crímenes de la calle Morgue.
    Lo que ocurrió después no lo recuerdo con exactitud, pero tengo una extraña sensación… Desde la ventana por la que ahora me asomo, ya sin prismáticos y de la que no puedo escapar, me parece ver mi anterior vivienda; aquella desde la que observaba tan peculiar y dantesca casa.

©Ginebra Blonde  
 


(Al otro lado de la puerta… Homenaje al gran Allan Poe- 
Convocatoria juevera para el 18 de marzo, 
propuesta por “Magade Qamar”)




miércoles, 10 de marzo de 2021

Fantasía En Cada Acto

 

  No había nada más en aquel espacio de tenue luz alumbrando sus cuerpos...; solo ellos mirándose de frente, sin más sonido que las notas de Prokofiev, y el crujir de la madera del escenario cada vez que bailaban y él la zarandeaba y la elevaba cogiéndola de la cintura como si pudiese volar; ella estaba acostumbrada a hacerlo: volar…
 
  En aquel acto, él aparecía de pronto entre las sombras mientras ella dormía plácidamente con su vestido de gasa azul. La luna volvía a ser testigo de aquel despertar. La pasión que él exhalaba le hacía desplegar sus feroces alas, y entonces la cogía de su mano y tiraba de ella hasta hacerla levantar. Ella caminaba de puntillas tambaleándose y adormecida; el volumen de la música se elevaba cada vez más, así como el gesto del vehemente bailarín que se tornaba cada vez más severo y colérico. Ella intentaba huir… Giraba y giraba sostenida por sus delgadas piernas, pero él la retenía una y otra vez.

  Entonces sonaban estrepitosos los timbales, al tiempo que ella gemía sintiendo en sus níveas mejillas el fuego de aquella descomedida exaltación
  Y seguía intentándolo… Y los timbales volvían a golpear furiosos… Y entonces caía… Y aquel escenario volvía a acunar su dolorido cuerpo mientras la música se iba mitigando dando paso a una hipnótica calma…
  La madera volvía a crujir; a sonar pronunciando los pasos de aquel que, satisfecho, giraba sobre sí y se alejaba hasta desaparecer entre las sombras por donde había aparecido…
 
  Aquel acto había terminado: con el mutismo del público, y un reguero de sangre entre las vetas de la madera.  
 
  En el desván, una caja polvorienta guardaba las zapatillas de ballet de aquella niña que dejó de bailar; de aquella mujer que siguió bailando para disfrazar las palizas; de aquella muerte que sería un acto más…; de tantos…  
 
©Ginebra Blonde


(Fantasía pura- Convocatoria juevera
para el 11 de marzo, propuesta por “Mónica”)



Instantes Que (Me)Hacen Latir; Vosotros...

ERES MÍO

Nadie me pertenece ni pertenezco a nadie,
no nací para ser dueña ni para ser sierva de nadie.
A nadie puedo dejar ir libremente
porque a nadie poseo para obligar a quedarse.
Pero en la soledad de mi cama, a veces, fantaseo con la
idea de la libertad acompañada, de avanzar encadenada a una mano.
Pertenecer por entero a alguien y poseerle de igual manera,
profunda y significativamente.
Sueño con esos brazos que me unan a alguien sin fisuras.
Mi mente juega con la idea de ser para SER en otro.

En la soledad de mis pensamientos fantaseo con dejar que su cuerpo
sea mi cárcel y él el carcelero de mis sentimientos.
Sentir cada vez que estoy con él que he llegado al hogar.
Qué delicia oír Eres Mía y mis labios poder con una sonrisa
plena decir Eres Mío.
©Prozac

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A veces el amor se despierta en un instante, con una simple mirada, o un roce de manos... y no por ser breve en el tiempo, es menos perdurable. Una carga eléctrica, que es algo muy pequeño, crea un campo a su alrededor que se extiende por todo el espacio...

©Chema

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La vida y sus infinitos matices
una amalgama de sensaciones, de vivencias
a veces risa, otras lágrima
esa es la grandeza el seguir adelante saltando, volando, nadando, a veces descansando,
porque es necesario pero siempre, siempre al ritmo que marca nuestro sentir, ese latido que nos hace únicos, esa huella digital del alma que es
la que es más difícil de ver o de mostrar porque es la más nuestra

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FLORAL

Prendida a tu pecho... Como un Clavel en la solapa.
Luciendo premura,
naturaleza viva en los brazos.
Adheridos al deseo primigenio,
de logar la fundición
de esta
mi esencia,
con el almizcle de tu verbo.

Entre líricos suspiros ascendiendo...
Vehemente el sacrilegio de probar cada gramo de tu aire.

Lirios...
Mártires son los besos
Que formamos.

Juncos,
Vencidos por el mismo viento.

Selváticos al sentir-nos.


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Y todas las estrellas
Aprisionada en la incertidumbre
he viajado
por cada recodo de tu nombre
y las alcobas
se encendían de deseo
al abrir los postigos de la piel.

Del otro lado del amor
el aire
me desordenaba el alma
golpeándome
contra la humedad
de tu corazón,
y todas las estrellas
se derramaban
en tus pupilas.


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Donde se posa tu mano se enciende la llama
Como viento, avivas y te llevas mi pasión
Eres pez en mi pecera
Aleteas entre los nítidos cristales
de mi cuerpo y de mi alma
En ondas profundas te mueves
Y vibra el amor en mi vientre.

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Prostitución...

Había quedado para tasar un piso, me quedé apoyada en el portal y mientras esperaba, ella no dejaba de mirarme, y yo no sabía cómo apartar mi vista de ella. Mi atuendo era aburrido, mi maquillaje escaso no sé porque me miraba, no había nada en mi que envidiar o copiar, ella tenía unas piernas largas y las lucia, sus labios rojos como nunca hubiera creído que se pudieran pintar y su pelo negro como la noche, las luces de las farolas empezaban a reflejar tintes azulados en su melena, el frío nos rozó a las dos, yo temblaba ella disimulaba, mi ropa cubría mas y mi chal calentaba mi cuello. Se acercó y me dijo, parece que se está retrasando, tú no lo pareces y no sé qué haces aquí, yo soy puta y a mí tampoco viene nadie a buscarme. ¿Quieres compartir un poco de mi café? el termo lo mantiene caliente. La miré a los ojos, pensé que las dos estábamos trabajando y le respondí que aceptaba su café si ella aceptaba mi chal. El agradecimiento afloró a su rostro y creo que no era por el chal (que aceptó rápidamente) era porque yo había aceptado su café.

©Ester

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Hay que ver lo que la noche nos da , esa magia escondida entre la penumbra de nuestro cuarto y ese silencio que es el compañero ideal para que todos nuestros pensamientos los pongamos en orden , es ahí donde las neuronas las más sensibles buscan ese rincón donde decirnos que hemos de hacer algo , por sacarlas a pasear , tenemos un debate con nosotros mismos , hasta que de golpe algo nos da en nuestra masa gris y decidimos que la vida es corta para pensar en negatividad , hay que salir y luchar , cada uno a su manera y su forma pero siempre con el ánimo de querer vencer a la oscuridad que persigue , la venceremos con las ganas de vivir y de sentir.

©Campirela

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Libertad

"Mientras dibujo, creo que la libertad está muy cerca. Está en quienes dibujan, está en la modelo que posa. Y está en mis manos, que están logrando el trazo necesario para dibujarla, para lograr representar su belleza."

©El Demiurgo De Hurlingham

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Libro De Flores: Silvia De Angelis

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Cuando te anidas, me abrigo
y bajan mariposas y me hacen compañía
en un orgasmo y silencio prolongado
cuando te anidas, me anido bella mía.

Cuando te miro, me miro
y encuentro todos mis sueños realizados,
entre tus ojos de volcán ya cansado.
Cuando te miro, destello de alegría.

Cuando te marchas, me marcho
y hasta la esperanza queda ausente.
No me asusta mi silencio ni mi ego, ya me he ido.

Cuando me besas, me beso
y todos los besos del mundo pasan por tus labios.
Cuando me besas en clave sol,

¡¡ay cuando me abrazas!!

sólo tus brazos envolventes al retirarlos
me vuelven a la vida y a su esencia.

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Te imagino entre el rocío del alba,
escondida en la voz de la casa,
tejida de cabellos alborotados entre las sábanas,
dormida en un columpio de manzanas...
Te imagino, con atuendo de uvas y fresas,
abrigada por el limo del río,
desnuda por el cenit del cielo,
sin miedos entre las espinas...
sigues bailando al compás de la inocencia y rebeldía.
No importa si supiste o no cuando creciste,
lo que de verdad es incuestionable
es que eres una niña-mujer en este bello presente.

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